Las comunas en Venezuela, con todas sus tensiones y contradicciones, se han constituido como formas de organización popular que buscan trascender los mecanismos tradicionales de participación política y producción económica. Concebido como un proyecto de democratización radical, el poder comunal propone formas de autogobierno, participación directa y gestión territorial desde las bases sociales organizadas. Sin embargo, estas experiencias se desarrollan dentro de estructuras históricas que condicionan sus posibilidades de autonomía. Por un lado, un sistema-mundo capitalista que impone formas específicas de acumulación y organización social y, por otro, un Estado con capacidad de promover, regular, canalizar o incluso cooptar estas formas de participación popular.
Así, las comunas no pueden entenderse únicamente como expresiones autónomas de organización local ni como simples extensiones instrumentales del Estado. Su existencia se encuentra atravesada por relaciones de dependencia que operan simultáneamente en escalas internacionales, nacionales y territoriales. Es precisamente allí donde radica el aporte analítico de la teoría de la dependencia desarrollada por Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, así como las contribuciones de René Zavaleta Mercado. Aunque estos autores escribieron en contextos previos a la consolidación de la experiencia comunal venezolana, sus categorías analíticas permiten analizar cómo las estructuras globales de dominación se internalizan en las formaciones nacionales sin determinar completamente sus dinámicas internas.
Mientras Cardoso y Faletto (1979) enfatizan la articulación entre economía, política y alianzas de clase en la reproducción de la dependencia, Zavaleta (2013) introduce la noción de “forma primordial” para explicar la persistencia de núcleos históricos de autodeterminación local frente a las imposiciones externas. A partir de este diálogo teórico, el presente ensayo sostiene que las comunas representan una forma contradictoria de mediación entre dependencia y autodeterminación, pues se encuentran insertas en relaciones estructurales de subordinación, pero también producen espacios parciales de agencia política y construcción popular. Más que espacios plenamente emancipados o simples mecanismos de control estatal, las comunas constituyen escenarios abiertos de disputa en los que se negocian continuamente los límites de la autonomía popular dentro de una estructura dependiente.
Dependencias en plural: más allá de la determinación externa
La reflexión latinoamericana sobre la dependencia surge en el contexto de las transformaciones económicas y geopolíticas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Frente al fracaso de las expectativas desarrollistas y de la industrialización por sustitución de importaciones, diversos autores comenzaron a cuestionar las teorías mecanicistas del desarrollo que asumían que América Latina recorrería el mismo camino histórico de las economías centrales. En este contexto, se desplegó un conjunto de investigaciones y discusiones en torno al problema del desarrollo y su contracara, la dependencia. Más que una teoría homogénea de la dependencia, podemos hablar de un conjunto diverso de reflexiones articuladas en una misma época y lugar por un mismo problema histórico: las condiciones que reproducen relaciones estructurales de subordinación en América Latina. Se trató, más bien, de lo que Robert Castel (2001) llamó “un haz de interrogantes común” antes que de un cuerpo doctrinario unificado.
En este marco, Cardoso y Faletto desarrollan una perspectiva que rechaza tanto el economicismo como las interpretaciones mecanicistas de la dependencia. En Dependencia y desarrollo en América Latina (1979), los autores sostienen que “la noción de dependencia alude directamente a las condiciones de existencia y funcionamiento del sistema económico y del sistema político, mostrando las vinculaciones entre ambos, tanto en lo que se refiere al plano interno de los países como al externo” (p. 24). La dependencia no constituye únicamente una relación económica entre países, sino una configuración histórica en la que las estructuras productivas, las relaciones de clase y las formas políticas se articulan de manera específica. Uno de los aportes centrales de Cardoso y Faletto consiste en mostrar que las dinámicas externas operan a través de mediaciones internas. Lo externo no se impone mecánicamente sobre las sociedades dependientes, sino que se expresa mediante alianzas entre grupos sociales locales, élites políticas y capitales internacionales. La dependencia, por tanto, se internaliza.
Este desplazamiento analítico resulta fundamental porque evita interpretar a las sociedades latinoamericanas como meras víctimas pasivas del capitalismo global. La dependencia delimita condiciones estructurales, pero no elimina la capacidad de acción política de los actores nacionales. Por ello, Cardoso y Faletto (1979) insisten en que las situaciones de dependencia deben entenderse históricamente, atendiendo a las configuraciones concretas de poder en cada sociedad, pues “las condiciones estructurales del desarrollo y de la sociedad son históricamente diversas” (p. 161).
En línea con la propuesta de Cardoso y Faletto, Zavaleta (2013), otro pensador dentro de este “haz de interrogantes común”, critica el determinismo mediante el concepto de “forma primordial”. Para el autor boliviano, ninguna sociedad sucumbe completamente a la lógica del sistema mundial, ya que cada formación social procesa las determinaciones externas desde su propia historicidad. La dependencia nunca es uniforme, ya que cada país produce una forma específica de articulación entre dominación externa y dinámica interna. En palabras de Diego Giller (2015) sobre Zavaleta, se trata de “pensar la dependencia como el resultado de las relaciones complejas y contradictorias entre (…) una determinación exógena y homogénea y la causación histórico-local dentro de cada formación social, que es siempre endógena y heterogénea” (p. 130).
Zavaleta (2013) define la forma primordial como la “combinatoria propia de la formación económico-social” (p. 550), es decir, el modo singular en que una sociedad organiza históricamente sus relaciones sociales, económicas y políticas. A diferencia de interpretaciones estructuralistas rígidas, el autor sostiene que “ninguna economía, ni aun la más internacionalizada, es completamente perteneciente al sistema mundial (…). La forma primordial, en otros términos, nunca sucumbe del todo a la determinación central” (p. 567). Siempre persisten márgenes de autodeterminación y producción política local. Para Zavaleta, cada formación social elabora una modalidad particular de dependencia según su propia historia, sus conflictos internos y la correlación de fuerzas entre clases y actores sociales. Esto implica reconocer la coexistence contradictoria entre estructuras globales de dominación y capacidades locales de resistencia y creación política.
Tanto en Cardoso y Faletto como en Zavaleta existe entonces un rechazo a las visiones absolutas de la dependencia. La subordinación estructural condiciona las posibilidades históricas, pero no determina completamente las formas políticas que emergen en cada sociedad. Allí reside la importancia de analizar las mediaciones locales y las capacidades de agencia de los actores populares.
Comunas, autodeterminación y mediaciones estatales
Las comunas venezolanas pueden interpretarse precisamente desde esta tensión entre dependencia y autodeterminación. Como proyecto político, el poder comunal surge en el contexto del proceso bolivariano como una apuesta por democratizar las formas de organización política y redistribuir el poder hacia instancias territoriales de participación directa. El proyecto comunal plantea una ruptura con las formas tradicionales de representación política y con la centralidad del Estado como único administrador de la renta petrolera. La comuna aparece como una forma alternativa de producción política desde lo local, donde la soberanía popular puede dejar de estar mediada exclusivamente por instituciones estatales tradicionales.
La relación entre Estado y poder popular se configura así como una relación ambigua, pues las comunas dependen del aparato estatal para su reproducción material, pero simultáneamente buscan constituirse como espacios de poder autónomo. Esta tensión resulta particularmente relevante en el contexto venezolano, marcado históricamente por el rentismo petrolero y la concentración estatal de recursos económicos. Como señalan Cardoso y Faletto (1979), las formas de dependencia varían según quién “toma las decisiones de inversión y consumo” (p. 109).
Zavaleta permite complejizar aún más esta relación. Mientras Cardoso y Faletto se centran en cómo las estructuras de clases locales actúan como soporte de la dependencia, Zavaleta pone el énfasis en la resistencia de la historia local y la capacidad de las masas para generar sus propios procesos de autodeterminación frente a las imposiciones externas. Desde su noción de autodeterminación, las comunas pueden entenderse como expresiones de una sociedad civil “abigarrada” que intenta producir formas propias de organización política frente a estructuras históricas de dominación. La acumulación política “in situ”, es decir, la capacidad de generar poder desde la propia experiencia social, constituye para Zavaleta una condición fundamental de toda transformación democrática. En este sentido, el autor sostiene que “todo poder verdadero, toda verdadera política, requieren una acumulación in situ” (Zavaleta, 2013, p. 571).
La construcción de formas políticas autónomas depende de la capacidad de las masas para constituirse como sujeto histórico y producir mediaciones propias frente a las imposiciones externas y estatales. Las comunas encarnan parcialmente esta búsqueda de autodeterminación. En ellas se expresan formas de organización territorial, gestión colectiva y construcción de vínculos comunitarios relativamente autónomos frente a las formas tradicionales de representación política. Sin embargo, su potencial emancipador depende de su capacidad para evitar convertirse en simples extensiones burocráticas del Estado.
El problema central no es únicamente la existencia de dependencia, sino las formas específicas en que esta se reconfigura y disputa dentro del propio proceso político. Como advierte Zavaleta (2013), “el grado de autodeterminación democrática es la medida negativa de la dependencia” (p. 564). La dependencia no se mide exclusivamente por variables económicas, sino también por la capacidad efectiva de una sociedad para producir voluntad política desde sí misma. Desde esta perspectiva, las comunas pueden entenderse como escenarios donde se disputa continuamente la posibilidad de construir formas alternativas de poder popular dentro de un contexto estructuralmente dependiente. Su relevancia política reside precisamente en esa tensión irresuelta entre subordinación y agencia, entre mediación estatal y autodeterminación local.
Las comunas y los márgenes de la dependencia
La teoría de la dependencia desarrollada por Cardoso y Faletto, junto con las contribuciones de Zavaleta, permite analizar las comunas venezolanas más allá de interpretaciones binarias entre autonomía y subordinación. Ambos enfoques coinciden en rechazar el determinismo mecánico y en destacar el carácter histórico, político y relacional de la dependencia.
Las comunas se encuentran insertas en estructuras nacionales e internacionales que limitan sus posibilidades de acción, pero ello no implica que sean simples reflejos de dichas estructuras. Precisamente porque la dependencia se internaliza mediante mediaciones políticas y sociales concretas, también puede ser parcialmente disputada desde experiencias locales de organización popular.
La irreductibilidad de lo local no supone negar la existencia de relaciones estructurales de dominación, sino reconocer que ninguna formación social queda completamente subsumida a ellas. En ese sentido, las comunas expresan una tensión permanente entre dependencia y autodeterminación; son producto de las contradicciones del Estado rentista y, al mismo tiempo, intentos de construir formas alternativas de producción política desde lo popular. Son, ante todo, construcciones “a dos bandas” (Armada, 2026). Más que espacios plenamente emancipados o meros instrumentos estatales, las comunas constituyen escenarios abiertos de disputa donde se negocian continuamente los límites y posibilidades de la democracia popular en contextos de dependencia. Su importancia radica no tanto en haber superado las estructuras de subordinación, sino en revelar que incluso dentro de ellas persisten capacidades históricas de producción política local y formas parciales de autodeterminación colectiva.
Bibliografía
Referencias
- Armada, G. (2026, 22 de mayo). Vinculaciones entre el gobierno para el pueblo y el autogobierno del pueblo en Venezuela (1998-2025). Pueblos, Instituto para el Pensamiento Original. https://pueblos.org.ve/publicacion/vinculaciones-entre-el-gobierno-para-el-pueblo-y-el-autogobierno-del-pueblo-en-venezuela-1998-2025-2/
- Cardoso, F. H. y Faletto, E. (1979). Dependencia y desarrollo en América Latina. Siglo XXI Editores.
- Castel, R. (2001). Presente y genealogía del presente: pensar el cambio de una forma no evolucionista. Cuadernos de crítica de la cultura, (47), 67-75.
- Giller, D. (2015). René Zavaleta Mercado frente a la “teoría de la dependencia”: algunas cuestiones en torno a la noción de la determinación dependiente y la forma primordial. Intersticios de la política y la cultura. Intervenciones Latinoamericanas, 4(8), 115-132.
- Zavaleta Mercado, R. (2013). Problemas de la determinación dependiente y la forma primordial. En Obra completa. Tomo II

