La presente investigación analiza la transición desde la hegemonía unipolar liderada por los Estados Unidos hacia una nueva arquitectura mundial cimentada en la multipolaridad. Este proceso se define por un desplazamiento estructural de las capacidades de dirección política y económica desde los centros de poder tradicionales hacia nuevos polos de influencia global.
En este contexto, el sistema capitalista hegemónico transita hacia una fase denominada hiperimperialismo. Ante la erosión de su base manufacturera y la pérdida de su exclusividad financiera, el centro de poder recurre a la coerción y al despliegue militar como mecanismos de preservación sistémica. Esta decadencia se manifiesta críticamente en el quiebre del régimen del petrodólar, el cual ha funcionado durante décadas como el colateral estratégico que sostiene la liquidez y el privilegio de la divisa estadounidense a nivel global.
Frente a este escenario, el bloque de los BRICS impulsa una arquitectura alternativa orientada a desvincular el comercio de recursos estratégicos de la tutela del dólar. Esta iniciativa promueve un orden mundial equitativo, fundamentado en el desarrollo soberano y la cooperación multilateral. A través de las siguientes secciones, se examinará la estructura del sistema internacional contemporáneo, la crisis sistémica de los Estados Unidos y el rol de los BRICS como contrapeso estratégico a la hegemonía occidental.
- Estructura del Sistema Internacional
La determinación de la estructura del sistema internacional, como sostiene Schulz (2018) en diálogo con las investigaciones de Turzi (2017), reside primordialmente en la distribución del poder global. Bajo esta perspectiva, se identifican tres configuraciones fundamentales: la unipolar, donde un Estado hegemónico concentra de manera dominante el poder económico y militar; la bipolar, definida por la disputa de áreas de influencia entre dos potencias; y la multipolar, caracterizada por la competencia de múltiples polos por la influencia y el equilibrio global.
Bajo esta tipología, es imperativo comprender que las estructuras no son inmutables. El tránsito entre configuraciones suele estar precedido por una crisis hegemónica, fase en la cual el orden vigente pierde su capacidad de dirección política y legitimidad económica. En la actualidad, el agotamiento del ciclo unipolar liderado por los Estados Unidos constituye el eje motor de la reconfiguración hacia la multipolaridad, alterando sustancialmente el orden mundial contemporáneo.
La crisis sistémica de los Estados Unidos
El ascenso de los Estados Unidos a la cúspide del sistema-mundo no fue un evento fortuito, sino la consolidación de una estructura que logró articular una supremacía productiva incuestionable con un liderazgo institucional de alcance global. Tras 1945, Washington no solo emergió como el principal acreedor del planeta, sino como el arquitecto de un orden diseñado para que el consenso internacional se alineara orgánicamente con sus propios intereses estratégicos.
De acuerdo con el Instituto PUEBLOS (2025), la hegemonía del dólar se gestó en la Conferencia de Bretton Woods (1944), forjando un sistema financiero a la medida de las potencias anglo-estadounidenses. Esta arquitectura no solo impuso al dólar como moneda de reserva internacional vinculada al oro, sino que institucionalizó una jerarquía donde el resto de las naciones quedaban supeditadas a la política monetaria de la Reserva Federal. Sin embargo, este esquema sufrió una fractura determinante en la década de 1970 tras el masivo gasto militar derivado de la Guerra de Vietnam, lo cual agotó las reservas metálicas de Estados Unidos y forzó el fin de la convertibilidad.
Con la ruptura del patrón oro en 1971 y la posterior transición hacia el régimen del petrodólar, Estados Unidos transformó su hegemonía en una de carácter fiduciario y coercitivo. Este cambio de paradigma impulsó un desplazamiento del capital estadounidense hacia la especulación financiera, delegando la producción manufacturera a las periferias para reducir costos operativos, lo que a largo plazo erosionó su propia base industrial. Hoy, el agotamiento de este ciclo marca no solo el fin de un acuerdo técnico, sino el colapso del colateral político que sostuvo la unipolaridad occidental durante el último siglo.
Este escenario da paso al concepto de hiperimperialismo, que describe la fase actual de la hegemonía estadounidense: una contradicción sistémica donde la pérdida de las facultades de dirección manufacturera y financiera convive con una hipertrofia del aparato militar. Ante la erosión de los mecanismos de consenso, Washington sustituye la dirección económica por la coerción multidimensional. El gasto de defensa, que alcanzó los 997 billones de dólares en 2024 —superando el gasto agregado de China, Rusia y el resto del G7—, no es signo de fortaleza, sino el mecanismo de preservación de un orden unipolar cuya base productiva se ha desplazado irreversiblemente hacia el bloque de los BRICS.
La transición hacia el hiperimperialismo no es solo un fenómeno político, sino la consecuencia directa de una mutación en la estructura económica interna de los Estados Unidos. La primacía del capital financiero sobre el productivo generó una desarticulación del tejido industrial que hoy constituye la principal debilidad del centro hegemónico.
- Perdida de la superioridad manufacturera: de la hegemonía productiva a la dependencia estructural
La transición hacia el hiperimperialismo no es solo un fenómeno político, sino la consecuencia directa de una mutación en la estructura económica interna de los Estados Unidos. La primacía del capital financiero sobre el productivo generó una desarticulación del tejido industrial que hoy constituye la principal debilidad del centro hegemónico. El declive se profundiza cuando Washington cede su capacidad productiva a potencias emergentes: mientras el imperio priorizó una economía orientada al consumo y la financiarización, sus competidores estratégicos consolidaron el control de la manufactura y el procesamiento de recursos básicos.
Al abandonar la producción de los bienes que consume y perder el control de los insumos esenciales, el sistema estadounidense se ha vuelto estructuralmente dependiente de la producción externa. Esta erosión de la base material se manifiesta con claridad en los datos de la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) y la Oficina de Análisis Económico (BEA). El empleo manufacturero ha sufrido una contracción drástica, representando actualmente apenas el 34,8% de su capacidad histórica respecto a 1947. En contraste, las importaciones de bienes y servicios han mantenido una trayectoria ascendente exponencial, con un incremento acumulado superior al 54.885% en términos nominales hasta el IV trimestre de 2025.
Esta erosión de la capacidad productiva refleja cómo el centro hegemónico ha delegado su soberanía, quedando a merced de la producción externa, como se detalla en la trayectoria divergente del siguiente indicador:

Gráfico 1. Empleo Manufacturero vs. Importaciones de los Estados Unidos (1947-2025). Elaboración propia basada en datos de la BLS y la BEA, vía FRED (2026).
La visualización revela un punto de inflexión crítico a partir de la década de los 2000, donde la aceleración de las importaciones (línea roja) adquiere un carácter exponencial, coincidiendo con la fase de desindustrialización más aguda del siglo XXI. Mientras que en 1947 la economía estadounidense operaba bajo un esquema de autoabastecimiento productivo, el cierre del año 2025 muestra una brecha histórica que confirma la transición de una hegemonía basada en la producción a una sustentada puramente en el consumo financiado por deuda.
Esta divergencia subraya una vulnerabilidad estratégica: al delegar su soberanía productiva, el centro hegemónico ha quedado supeditado a cadenas de suministro globales controladas por sus competidores. Esta incapacidad de sostener su propio mercado interno a través de la producción nacional es lo que explica, en última instancia, la necesidad de recurrir a la fuerza militar y a la presión diplomática para intentar retener una influencia que ya no puede sostenerse mediante la competitividad económica.
- El poder del sistema financiero: hacia un Orden Multipolar post-dólar
El debilitamiento de la hegemonía estadounidense no se limita a su base industrial, sino que se ha profundizado mediante la erosión de su principal mecanismo de control global: el dominio del dólar. Como señalan Nieves y Becedas (2023), el sistema internacional atraviesa una transformación estructural donde la divisa estadounidense pierde terreno frente a nuevos mecanismos de intercambio y activos estratégicos.
Al respecto, el experto Zoltan Pozsar destaca un cambio fundamental en la arquitectura financiera global: la transición hacia el “petroyuan” y el uso creciente de monedas soberanas, como rupias o dirhams, en el comercio estratégico de energía. Esta tendencia encuentra su motor en la expansión del bloque de los BRICS, el cual no solo promueve el uso de monedas locales para reducir la exposición al riesgo cambiario, sino que lidera la construcción de redes de pago alternativas al sistema SWIFT, tales como el CIPS de China y el SPFS de Rusia.
Estos mecanismos de desdolarización representan un desafío directo a la hegemonía financiera occidental. A través del control de los circuitos de pago mundiales, Estados Unidos ha ejercido históricamente una coerción económica unilateral que hoy se ve limitada por la aparición de este sistema multipolar. La pérdida de este privilegio se evidencia en la trayectoria descendente del dólar como divisa de reserva y transacción, como se detalla en el siguiente indicador:

Gráfico 2. Declive de la Hegemonía del Dólar y Ascenso del Orden Multipolar (2016-2025). Basado en datos del Seguimiento del uso internacional del dólar, Atlantic Council (2025).
La evidencia gráfica confirma una tendencia irreversible: la participación del dólar en las transacciones globales ha caído del 65% al 57% para el primer trimestre de 2025. En contraparte, el uso de divisas alternativas ha escalado de manera sostenida hasta alcanzar el 42%.
Esta pérdida de exclusividad financiera obliga al centro hegemónico a trasladar su capacidad de influencia desde el ámbito del consenso y la moneda hacia el terreno de la fuerza bruta. De este modo, la desdolarización no es solo un proceso contable, sino el preludio del desplazamiento del poder hacia la última línea de defensa del orden unipolar: la hipertrofia militar.
- El uso de la fuerza: la última línea de defensa
Esta tercera fase representa la dimensión de mayor peligrosidad en la geopolítica contemporánea. A diferencia de los ámbitos industrial y financiero, donde el retroceso hegemónico es claramente visible, los Estados Unidos conservan una supremacía militar global incontestable. Es precisamente esta asimetría —un imperio económicamente debilitado pero militarmente hipertrófico— lo que el Instituto Tricontinental define como hiperimperialismo.
Bajo este marco, ante la erosión de su soberanía productiva y financiera, Washington recurre a la fuerza coercitiva y a una expansión bélica desproporcionada. El objetivo estratégico es intentar “congelar” una estructura de poder que ya no le pertenece mediante la presión multidimensional. La magnitud de este despliegue se refleja de manera contundente en la asignación de recursos destinados a la defensa:

Gráfico 3. Gasto de defensa de los Estados Unidos frente al resto del mundo (2018-2024). Basado en datos de SIPRI Military Expenditure Database (2024).
Como se evidencia en la visualización, el gasto de defensa de los Estados Unidos para el año 2024 se situó en 997 billones de dólares. Esta cifra supera con creces el gasto combinado de las principales potencias mundiales, incluyendo a la totalidad del G7, Rusia y China, que en conjunto sumaron 820 billones de dólares.
Este desequilibrio financiero-militar pone de manifiesto el enorme esfuerzo que realiza Estados Unidos para mantener su poderío en la última línea de defensa de un orden unipolar en decadencia. El hecho de que una sola nación concentre tal capacidad de fuego frente al resto del planeta constituye el mayor factor de inestabilidad y riesgo para la paz mundial, evidenciando un intento desesperado por preservar una supremacía global que ya no puede sostenerse mediante la competitividad económica o el consenso diplomático.
II. Los BRICS como contrapeso al monopolio occidental
De acuerdo con la plataforma oficial del bloque, el origen de los BRICS se remonta a 2006, durante el encuentro de Ministros de Asuntos Exteriores en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Tras la crisis financiera de 2008, los países fundadores —Brasil, Rusia, India y China— iniciaron una actuación concertada en espacios como el G20, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, orientada a exigir una reforma profunda de la gobernanza económica global. Este proceso de articulación política alcanzó su madurez en 2009 con la primera Cumbre de jefes de Estado en Ekaterimburgo.
Desde este hito fundacional, el bloque ha impulsado una crítica estructural al orden unipolar, promoviendo el establecimiento de nuevas reglas de juego internacionales. Bajo esta perspectiva, el proyecto de los BRICS se define como un esfuerzo por consolidar un siglo XXI fundamentado en la cooperación multilateral y el respeto a la autodeterminación de los pueblos, contraponiéndose a la injerencia de los centros de poder tradicionales.
Dinámicas de convergencia y resiliencia: BRICS frente al G7
La viabilidad material de este orden multipolar se sustenta en la evolución del Producto Interno Bruto (PIB) nominal reportado por el Fondo Monetario Internacional (FMI). La superioridad en la velocidad de expansión del bloque BRICS no representa una tendencia coyuntural, sino un desplazamiento estructural del centro de gravedad económico global hacia el Sur Global, como se evidencia en la comparativa de crecimiento anual:

Gráfico 4. Crecimiento Acumulado del PIB Nominal: BRICS vs. G7 (2006-2026). Basado en datos del Fondo Monetario Internacional (FMI, 2026).
La comparativa es contundente: frente al crecimiento del 64% del G7, el bloque de los BRICS ha dado un salto de escala al ubicarse en un 421% desde su fundación. En este contexto, la estrategia del bloque trasciende la mera reforma de los organismos financieros tradicionales para proponer una aceleración hacia un orden mundial multipolar.
Este cambio de paradigma busca democratizar las relaciones internacionales mediante un equilibrio de fuerzas que sustituya la imposición unilateral por el consenso multilateral. Bajo este esquema, la pluralidad de polos económicos actúa como un escudo estratégico para las naciones soberanas, garantizando que el desarrollo de los pueblos sea el resultado de la cooperación técnica y el respeto mutuo, y no de la tutela coercitiva de una sola potencia hegemónica.
El desplazamiento del poder económico y la soberanía global
La asimetría en la expansión acumulada desde 2006 revela una transformación cualitativa en la estructura del sistema-mundo. Mientras el bloque del G7 registra un crecimiento inercial, los BRICS han consolidado un avance sin precedentes que redefine las jerarquías globales. Esta brecha no representa una simple variación estadística, sino la evidencia empírica de un desplazamiento irreversible del poder económico hacia el Sur Global, como se observa en la magnitud del crecimiento acumulado:

Gráfico 5. Variación porcentual acumulada del PIB: BRICS vs. G7 (2006-2026). Elaboración propia basada en datos del Fondo Monetario Internacional (FMI, 2026).
La asimetría en la expansión acumulada desde 2006 revela una transformación cualitativa en la estructura del sistema-mundo. Mientras el bloque del G7 registra un crecimiento inercial del 64%, los BRICS han consolidado un avance sin precedentes del 421%. Esta brecha trasciende la métrica estadística para convertirse en la evidencia empírica de un desplazamiento irreversible del centro de gravedad económico hacia el Sur Global.
Este salto de escala no solo redefine las jerarquías globales, sino que impulsa una estrategia que supera la mera reforma institucional para acelerar la transición hacia un orden multipolar. El nuevo paradigma busca democratizar las relaciones internacionales mediante un equilibrio de fuerzas que sustituya la imposición unilateral por el consenso multilateral. Bajo este esquema, la pluralidad de polos económicos actúa como un escudo estratégico para las naciones soberanas, garantizando que el desarrollo de los pueblos sea el resultado de la cooperación técnica y el respeto mutuo, blindándolos ante la tutela coercitiva de cualquier potencia hegemónica.
III. Hacia una geopolítica de la soberanía multipolar
El sistema-mundo atraviesa una transformación estructural definida por el agotamiento definitivo del modelo hegemónico estadounidense. Esta arquitectura global, gestada en la Conferencia de Bretton Woods de 1944, articuló una supremacía basada en el dominio del dólar y el control de las instituciones multilaterales que hoy se desplaza irreversiblemente hacia la multipolaridad.
El análisis de los indicadores presentados revela una contradicción sistémica: la desproporción entre el poder militar de los Estados Unidos y su acelerado declive económico. Esta divergencia, definida como hiperimperialismo, constituye el principal factor de riesgo para la estabilidad global, pues el recurso a la fuerza coercitiva intenta compensar la pérdida de la soberanía manufacturera y la exclusividad financiera del antiguo centro unipolar.
En este escenario, el bloque de los BRICS no se proyecta meramente como un espacio de cooperación económica, sino como un factor determinante de equilibrio y seguridad colectiva. La transición hacia la multipolaridad se presenta, por tanto, como un mecanismo de contención necesario frente a la volatilidad de un orden en fase de agotamiento. Al diversificar sus reservas y reclamar soberanía sobre el valor real de su aparato productivo, las naciones emergentes impulsan un proceso de desdolarización que desplaza el eje del poder desde una hegemonía monetaria fiduciaria hacia la gestión soberana de recursos tangibles y bienes estratégicos.
En definitiva, la emergencia de esta nueva arquitectura busca institucionalizar un mundo más equitativo y justo. El fin de la era unipolar representa la posibilidad histórica de que el desarrollo de los pueblos deje de estar supeditado a la tutela coercitiva de una sola potencia, fundamentándose en su lugar en la cooperación real, la complementariedad y el respeto mutuo a la autodeterminación.
Referencias consultadas
Atlantic Council. (2024). Dollar Dominance Monitor. GeoEconomics Center. https://www.atlanticcouncil.org/programs/geoeconomics-center/dollar-dominance-monitor/
Bloomberg Línea. (2024). Cómo la dependencia de la manufactura de China impactaría a EE.UU. con consecuencias globales. https://www.bloomberglinea.com/
BRICS. (2024). About the BRICS. Information Portal of the BRICS Russia 2024 Presidency. https://brics.br/en/about-the-brics
El Economista. (2023, 23 de enero). El mundo se acerca a un cambio de sistema monetario ante un dólar amenazado por varios frentes. https://www.eleconomista.es/
Fondo Monetario Internacional [FMI]. (2026). IMF Data Explorer [Base de datos]. International Monetary Fund. https://data.imf.org/en/Data-Explorer
Instituto Tricontinental de Investigación Social. (2024, 23 de enero). Hiperimperialismo: Una nueva etapa decadente y peligrosa. (Coord. G. Cernadas, M. Nhondo Erskog, T. Moreno y D. Veneziale). https://thetricontinental.org/
Pueblos: Instituto para el Pensamiento Original. (2025). El Imperialismo Estadounidense: De la predestinación a la coerción. Dossier Pueblos, (1), Año 1. Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad. https://pueblos.org.ve/
Schulz, J. S. (2018). Diez años del BRICS: crisis de hegemonía occidental y construcción de un orden mundial multipolar. Cuadernos de Coyuntura. https://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/118903
Stockholm International Peace Research Institute [SIPRI]. (2024). SIPRI Military Expenditure Database. https://www.sipri.org/databases/milex
U.S. Bureau of Labor Statistics. (2026). All Employees, Manufacturing [MANEMP] [Conjunto de datos]. FRED, Federal Reserve Bank of St. Louis. https://fred.stlouisfed.org/series/MANEMP

