Si debo morir
Refaat Alareer
tú debes vivir
para contar mi historia.
Si debo morir
que traiga esperanza
que sea un cuento.
Las tensiones geopolíticas en las primeras décadas del siglo XXI apuntan a un posible rediseño hegemónico, en el que los fantasmas del pasado empiezan a girar en torno al poderío norteamericano y al american way of life. A pesar del aplanamiento cultural y de la homogeneización impulsados por el capitalismo, como vías de disciplinamiento general a su lógica y su modo de entender y gestionar el mundo, resulta que estamos en un momento de emergencias, tanto de fuerzas y costumbres ancestrales como de derivas críticas provenientes del mismo sistema. Grietas y bifurcaciones, tanto como las redefiniciones de las jerarquías internas y las condiciones de la competencia, obligan a desarrollar múltiples formas de guerra, para asegurar el mantenimiento del poder.
Identificando a los grandes enemigos, los que ponen en riesgo la hegemonía, el poderío norteamericano focaliza cinco entidades que, de manera bidireccional o combinadas entre sí, representan el riesgo mayor, y que, en el lenguaje militar de códigos y acrónimos, suele nombrarse como 4 + 1. China, Rusia, Irán, Corea del Norte y una entidad con capacidad y poderío equivalente al de esos cuatro Estados, pero transterritorializada: las organizaciones extremistas violentas (VEO, por sus siglas en inglés), entre las que lo mismo pueden ubicarse grupos como el Estado Islámico, cárteles con alcance global, o iniciativas contrahegemónicas de países ideológicamente disidentes. Se ha deslizado el centro de gravedad y el foco principal desde el enemigo difuso hacia el de entidades de gran poder, que directamente desafían la supremacía de Estados Unidos y su proyecto de mundo como el hegemónico.
No obstante, además del escenario de poderes concentrados en pugna, un riesgo mayor representan los entes más corrosivos que confrontativos, que ponen en cuestión ya no solo la hegemonía, sino al sistema en su conjunto. De diferentes orígenes, niveles y características, pero con claves culturales, con tradiciones, modos de vida, visiones del mundo y voluntades sistémicamente disruptoras, lo mismo son identificados como mundo árabe, aborígenes o naturales, pueblos atrasados, tribus o, en el peor de los casos, como razas que ponen en peligro la estabilidad del sistema o terroristas.
Todo esto combinado genera guerras polivalentes y confusas. Dependiendo del ángulo que se mire, pueden calificarse como guerras por territorios, por recursos; guerras étnicas; o cualquiera otra de las variantes que componen la conflictiva contemporánea. Lo mismo pueden ser guerras mercenarias, tecnológicas, convencionales, proxy, no kinésicas o guerras irrestrictas o de espectro completo, abarcando también herramientas y aspectos no bélicos, como el financiero, narrativo o sanitario, entre otros (Ceceña, 2023). De lo que no hay duda es de que la guerra forma parte de los modos de relacionamiento, ruptura y disciplinamiento en el mundo contemporáneo y, por ello, hay que estudiarlas y repudiarlas, con la mayor precisión y profundidad posibles.
Palestina y los nuevos umbrales
Viejas nuevas guerras, como la de Palestina, van acumulando agravios y motivos. Y aunque es una misma guerra prolongada, que se podría caracterizar como guerra infinita, se actualiza modificando o profundizando estilos y métodos, de manera que vale la pena explorar algunos de sus componentes en el siglo XXI.
Los tres elementos que alimentan las guerras contemporáneas son el rediseño geopolítico, producto de la competencia y las disputas por la hegemonía; la búsqueda de recursos, particularmente aquellos considerados como “estratégicos”; y el disciplinamiento de poblaciones, territorios o, incluso, Estados, bajo los dictados, reglas e intereses hegemónicos, tal como se van presentando en cada momento histórico.
Las guerras recientes más notorias y definitorias del curso mundial, las que inauguraron el siglo XXI, casi todas se encuentran en el Medio Oriente o ligadas, de diferentes modos, a la dinámica de la región: Afganistán, Irak, Siria, Yemen y Palestina; pero también con impactos en Libia, Somalia y Ucrania, sin contar los procesos de desestabilización impulsados en el contorno. Es la zona del mar Rojo, el mar Negro y el Mediterráneo, del golfo de Omán, de la antigua ruta que conectaba con las especias, la seda, el opio y el comercio mundial, desde hace más de dos milenios, y que sigue teniendo una importancia sustancial.
El rediseño geopolítico
Dos siglos antes de la era cristiana, la ruta de la seda tenía amplios circuitos en toda Asia, con algunas conexiones en África y en el este de Europa. El poder que otorgaba el control de la ruta trazada por los chinos hizo crecer imperios y desató codicias y guerras. En su momento —siglo XIII—, Gengis Kan logró controlar una enorme extensión del territorio asiático, desde el mar Caspio hasta la costa del Pacífico, ocupando buena parte de China y controlando las rutas. Esto, que fue conocido como el Imperio mongol, disputaba terreno con las fuerzas de Occidente, entre otras. Los papas habían emprendido también sus guerras de conquista de los circuitos comerciales, las cruzadas, buscando el control del comercio con Asia. Estas cruzadas, que se extendieron durante casi tres siglos, enfrentaron a las fuerzas de Occidente con el poder mongol desarrollado por Gengis Kan y sus herederos, con las dinastías chinas que los desplazaron y, más tarde, con Osmán y los otomanos.
Entonces, como hoy, Medio Oriente era el cruce de caminos. Casualmente, fue en Palestina donde finalmente Occidente derrotó a los otomanos, ya a inicios del siglo XX, aunque eso no supuso que el mundo árabe se disolviera. Fue una derrota política, no cultural, al punto que llevó a Samuel Huntington (1996), integrante del Consejo de Seguridad de la Casa Blanca, a calificar la situación, en los umbrales del tercer milenio, como “choque de civilizaciones”.
De hecho, con toda la complejidad que cabe en una categoría como “mundo árabe” y todos los conflictos internos que no dejan de producirse —sobre todo por los diferentes tipos de alianzas con el exterior—, en momentos de definición extrema, como el que supone la guerra de exterminio de Israel sobre Palestina, la Liga Árabe se manifiesta unida y permite observar lo relativamente fugaz, pensando en los tiempos largos, de una conquista política sobre la mayor permanencia de lo cultural1.
Cuando observamos el mapa 1, queda en evidencia que, más allá del alineamiento o subordinación circunstancial que pueda haber entre los países árabes con las potencias de Occidente, el mundo árabe tiene un enraizamiento territorial que puede convertirse en un peligro para las jerarquías y dinámicas del orden existente; ya que, más allá de circunstancias y coyunturas políticas, apela a costumbres y vínculos de muy largo cultivo.
Mapa 1
Liga Árabe

1Ver la posición de la Liga Árabe sobre la guerra de Israel en Palestina ante la Corte Internacional de Justicia. https://www.youtube.com/watch?v=fRn4qYAORAE
En realidad, el principal paso entre el océano Índico y el mar Mediterráneo, el canal de Suez, inaugurado el 17 de noviembre de 1869, sigue estando en territorio árabe y, a pesar del peso del poderío occidental, quienes siguen controlando la válvula de conexión son los árabes que, en el extremo, pueden resultar inescrutables y, en ciertas circunstancias, indoblegables.
La única posición realmente segura que tiene Occidente en toda esta región es la ocupada actualmente por Israel, que, considerada territorialmente, resulta mínima frente al conjunto árabe, pero que funciona muy eficazmente como punta de lanza.
La región del Medio Oriente ha estado sometida a una situación de guerra casi permanente, en la que todas las piezas están involucradas (ver mapa 2). En gran medida, lo que está en disputa es el control de las rutas y los pasos estratégicos, aunque evidentemente también las riquezas de la propia región y los pesos geopolíticos de las fuerzas que la componen, pues, en el norte, se ubica el territorio ruso y, al este, el persa (hoy iraní).
Mapa 2
Medio Oriente: guerras, conflictividad y rutas estratégicas

El cercamiento a Rusia e Irán es uno de los propósitos centrales de todos los movimientos, en la zona, de Israel, la OTAN y, particularmente, Estados Unidos. Hasta 1999, la OTAN se componía de 16 integrantes de la Europa occidental; sin embargo, a partir de ese momento, se han incorporado 16 países más, duplicando su tamaño (ver tabla 1), sin considerar su lista de aliados, que, extrañamente, se amplió hacia Colombia desde 2009. Una buena parte de la Europa del Este quedó integrada en el dispositivo OTAN, creciendo geográficamente en el sentido de quitar a Rusia las rutas de conexión con Occidente.
Recordando al célebre asesor de seguridad nacional Zbigniew Brzezinski —aunque en ese momento las reflexiones se centraban mucho más en Rusia que en China—, los cortes de ruta, los accesos y posicionamientos en esta región son estratégicos y deben tender al asfixiamiento de los considerados como enemigos:
- Turquía e Irán no solo son jugadores geoestratégicos importantes, sino también pivotes geopolíticos, y sus propias situaciones internas tienen una importancia crucial para el destino de la región. (Brzezinski, 1998, p. 139)
- Si los principales gasoductos y oleoductos de la región siguen pasando a través del territorio ruso hasta el centro de distribución —también ruso— sobre el mar Negro, de Novorossiysk, las consecuencias políticas de ello se harán sentir, incluso sin ningún juego de poder abierto por parte de Rusia (…), si otros gasoductos y oleoductos cruzan el mar Caspio hasta Azerbaiyán y, de allí, se dirigen hacia el Mediterráneo a través de Turquía, y si alguno llega hasta el mar de Arabia a través de Afganistán, no habrá una única potencia que monopolice el acceso a los recursos. (Brzezinski, 1998, p. 145)
Tabla 1
Incorporaciones recientes al Tratado del Atlántico Norte
| Tratado del Atlántico Norte Incorporaciones recientes |
| Países | Fecha | |
| República Checa, Hungría, Polonia | 12 de marzo de 1999 | |
| Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Rumania, Estonia, Letonia, Lituania | 29 de marzo de 2004 | |
| Croacia, Albania | 1 de abril de 2009 | |
| Montenegro | 5 de junio de 2017 | |
| Macedonia del Norte | 27 de marzo de 2020 | |
| Finlandia | 4 de abril de 2023 | |
| Suecia | 7 de marzo de 2024 | |
Fuente: elaborada con información de la OTAN.
https://www.nato.int/nato-welcome/index_es.html
El aceleramiento de nuevas incorporaciones, a la OTAN, de países que habían enarbolado insistentemente su vocación de paz, como Finlandia y Suecia, es indicio de un nuevo tipo de orientalismo, al estilo del estudiado por Edward Said (2008), en el que se disuelven las diferencias entre los no-occidentales, ante el peligro que sus fuerzas pueden significar para el Occidente colectivo y el american way of life, firmemente asentado y reproducido en Europa. La oportunidad que ofreció el desmoronamiento de la Unión Soviética en 1989 y años posteriores, y la pérdida de sentido de la amenaza del comunismo, cambiaron las condiciones del tablero geopolítico. El miedo al comunismo hoy se convierte hacia las diferencias culturales, incorporadas a la narrativa dominante, como precursoras de potenciales actos de terrorismo, encubriendo así los proyectos reales de exterminio o colonización, y desplegando multiescalarmente racismos que corroen los tejidos comunitarios y carcomen la confianza y solidaridad que ha tardado tanto en expresarse en un genocidio flagrante como el de Gaza. La multicitada cortina de hierro, que, por cierto, siempre tuvo dos lados, se ha convertido en cortina militar de la OTAN y en cortina de sanciones, principalmente contra Rusia, China e Irán.
Mapa 3
Miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (sin Estados Unidos ni Canadá)

Desde las últimas décadas del siglo XX, se ha venido explorando la posibilidad de deslizar el control que tienen los países árabes sobre los pasos del océano Índico y el mar Rojo al mar Mediterráneo, además de los pasos por tierra. Como alrededor del 85 % del comercio mundial y muchos de los movimientos militares se realizan por mar, los pasos que conectan estas dos regiones marítimas son absolutamente estratégicos. El canal de Suez es uno de los pasos más recurridos, con más del 12 % del tránsito oceánico total.
La autoridad del canal, Osama Rabea, aportó los datos de afluencia más recientes: “… 25 887 barcos han pasado por el canal hasta ahora, en el año fiscal actual [2022-2023], según cita el sitio web de la autoridad, [y] alrededor de 23 800 pasaron por el canal el año anterior” (Reuters, 2023).
Esto significa que, “por primera vez en la historia del canal, (…) la Autoridad del Canal de Suez de Egipto ha alcanzado ingresos récord de 9.4 mil millones de dólares en el actual año fiscal, que concluye el 30 de junio, en comparación con los 7 mil millones de dólares del año anterior” (Osama Rabea, entrevistado por Reuters, 2023).
La relevancia geopolítica y económica del canal de Suez se puso en evidencia en 2021, cuando la embarcación Ever Given, de 400 m de largo, quedó atravesada bloqueando el paso durante una semana. El cálculo aproximado es que 420 barcos con 224 mil toneladas quedaron esperando, provocando una pérdida de entre 9 y 10 mil millones de dólares diarios (France 24, 2021). Eventualidades como esta ponen en riesgo no solo el gran comercio y las cadenas globales de producción, sino que debilitan la capacidad de respuesta rápida, militarmente hablando, ante conflictos reales o potenciales.
Simultáneamente, circunstancias como cambios en la orientación de algunos gobiernos en diferentes momentos —como el de Egipto, en este caso— han conducido a la necesidad de pensar en rutas alternativas. Esto mismo ha ocurrido en América con el canal de Panamá. Por un lado, los reclamos de soberanía panameña llevaron al retiro de las fuerzas norteamericanas encargadas de la supervisión y, por el otro, ante el aumento de la frecuencia, volumen y envergadura de los tránsitos marítimos, Panamá ha resultado insuficiente, lo que ha llevado a pensar en proyectos como el del corredor interoceánico del istmo de Tehuantepec, principalmente, y algunos otros como los centroamericanos o los de IIRSA (Iniciativa de Infraestructura Regional de Sudamérica), hoy llamada Cosiplan.
Para sortear la preeminencia árabe sobre el control del paso en la ruta interoceánica, y para prever algún nuevo accidente o boicot, se ha pensado en aprovechar el pequeño territorio de Israel, con sus extensiones permanentes sobre Palestina, para proyectar un nuevo paso entre el mar Rojo y el Mediterráneo. Aunque, en principio, el proyecto estimaba hacer una conexión entre el puerto de Eilat en el sur de Israel y el puerto de Ashkelon en la costa mediterránea, sin pasar por el territorio de Gaza, la actual intervención genocida para despejar el territorio completo de Gaza parece indicar un cambio de planes, o de ruta. Considerando el tipo de terreno, la conveniencia de trazar el nuevo canal, llamado Ben Gurión, muy cercanamente a la frontera entre Israel y la península del Sinaí, en Egipto, implicaría su paso por Gaza (ver mapa 4).
Mapa 4

La disputa hegemónica global pasa, sin duda, por la posibilidad de que Estados Unidos, o el Occidente colectivo, sean capaces de rediseñar los trazos y rutas de los movimientos mundiales, ante la habilitación de la iniciativa One belt, one road, impulsada por China. Los tiempos actúan en contra. China avanza suavemente, pero con contundencia, y va estableciendo relaciones comerciales, de inversiones y hasta convenios militares con muchos países, entre otros, de África y América Latina; pero también sus vínculos con Rusia e Irán se han fortalecido en todos los campos. Teniendo en cuenta que por el golfo de Omán transita, por lo menos, la tercera parte de la dotación energética del planeta y que su destino es en parte el Asia Pacífico, a través del océano Índico, y en parte los países de Occidente a través del mar Rojo, es ineludible cuidar la zona y encontrar, en ella, rutas seguras; solo que ya Estados Unidos y la OTAN no tienen la fluidez del siglo XX. Entre el 11 y 15 de marzo de 2024, China, Rusia e Irán realizan ejercicios militares conjuntos en el golfo de Omán, con el “… propósito de ‘mantener conjuntamente la seguridad marítima regional’ [de acuerdo con el Ministerio de Defensa chino]” (DW, 2024), con la participación de Azerbaiyán, Emiratos Árabes Unidos, Pakistán, Omán, Sudáfrica y Kazajistán como observadores (Euronews, 2024).
La aproximación de estos tres países con Egipto es un foco rojo que, muy probablemente, esté en las consideraciones de la ofensiva de Israel y Estados Unidos contra Palestina y en la prisa por limpiar el área. El asesinato masivo de mujeres y niños, y la velocidad con que se va empujando a la población restante de Gaza hacia fuera de la franja, indica un propósito estratégico de la mayor envergadura: ¿será el canal Ben Gurión?
Los recursos
El Medio Oriente, en su conjunto, contiene la mayor cantidad de petróleo del mundo. Las reservas certificadas del Medio Oriente son alrededor de mil millones de barriles de petróleo. Solamente Arabia Saudí, Irán, Irak, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos tienen 812 500 millones de barriles, a los que se pueden agregar, en términos geopolíticos, los 80 mil millones de Rusia (ver Morales, 2024). Se sabe que, en términos individuales, el país con mayores reservas es Venezuela, con 304 mil millones, pero ya que los yacimientos no se rigen por fronteras políticas, regionalmente la zona del Medio Oriente, el Caspio y sus alrededores, alberga aproximadamente el 60 % del petróleo mundial.
Israel no tiene petróleo, pero es un territorio de conexión, que puede mejorar sus condiciones desde la perspectiva de Europa, con la construcción del nuevo canal. Su provisión de petróleo proviene, principalmente, de Azerbaiyán, Kazajistán, Kurdistán, Rusia, Irak, Brasil, Nigeria y Gabón (Oilchange, 2024a y 2024b). Incluso, lo sorprendente es que sus suministros no se han interrumpido después del 7 de octubre.
Los países en guerra actual o reciente en esa región están todos relacionados de diferentes maneras con el mercado mundial del petróleo, sea por sus reservas, sea por su ubicación geográfica, que los convierte en rutas activas o potenciales. No es el caso de Palestina, pero Israel sí tiene una ruta petrolera que justamente termina en el puerto de Eilat, desde donde se proyecta la construcción del canal alternativo (ver mapa 5).
Mapa 5

Nota: “… oleoductos que conectan el Mediterráneo con el mar Rojo, como parte de nuevos acuerdos comerciales entre los dos países [EAU e Israel]”. S&P Global Commodity Insights (2020). https://www.spglobal.com/commodityinsights/ en/market-insights/latest-news/oil/102020-israeli-pipeline-company-to-transport-uae-oil-via-red-sea-med-network
En la búsqueda de rutas seguras para el traslado del petróleo hacia occidente, el proyecto del canal Ben Gurión tiene como antecedente un acuerdo realizado entre Israel, con la compañía Europe-Asia Pipeline Company (EAPC), y los Emiratos Árabes Unidos con MED-RED Land Bridge Ltd. (MRLB), para almacenar y trasladar petróleo y sus derivados en oleoductos bidireccionales, evadiendo el paso por el canal de Suez. El puerto de Ashkelon tiene capacidad para mover 30 millones de toneladas métricas de crudo por año y para recibir contenedores de 250 mil dwt4 y cuenta con una capacidad de almacenamiento de 2.3 millones de metros cúbicos. El puerto de Eilat, por su parte, tiene capacidad para almacenar 1.4 millones de metros cúbicos en tanques de hasta 350 mil dwt.
EAPC ofrece una alternativa al canal de Suez, que está limitado por el tamaño de los barcos petroleros, y al oleoducto Sumed en Egipto, que solo transporta petróleo en una dirección: desde la terminal del mar Rojo, en Ain Sukhna, hasta Sidi Kerir, en el Mediterráneo. (S&P Global Commodity Insights, 2020) Aun así, el proyecto de Ben Gurión no parece abandonarse. Los indicios apuntan a ir dando pasos, bastante acelerados en algunos aspectos, como la limpieza poblacional del territorio a través del genocidio y la expulsión indiscriminados. Otro indicio podría ser la repentina decisión de Estados Unidos de construir un puerto temporal en Gaza, para acercar la ayuda alimentaria. La tarea ha sido encomendada a las fuerzas armadas norteamericanas, con carácter de urgencia, y nada permite desechar la hipótesis de que esa construcción sea parte del proyecto de la nueva ruta, desde el puerto de Eilat.
En 1947, el área territorial de Palestina era de 26 300 km2 (Gómez Robledo, 2003, p. 732). En noviembre de ese año, la Resolución 181/11 adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas decide la partición de Palestina en dos estados: Palestina conservaría 11 800 km2, perdiendo el 55% de su territorio, y al nuevo Estado de Israel, que albergaría al pueblo judío, se le concederían 14 500 km2 (Gómez Robledo, 2003, p. 731), curiosamente, un territorio más extenso que el de sus habitantes originales. No obstante que se trataba de una resolución inédita y de un atropello contra el pueblo palestino, y considerando la desproporción del reparto territorial, Israel no estuvo conforme y, tras un proceso largo de colonización, en 2023 ocupaba ya un área de 21 671 km2, dejando el territorio palestino reducido a 365 km2 para Gaza y 5800 km2 para Cisjordania.
Aun así, la pequeñita Franja de Gaza cuenta con una salida al mar Mediterráneo y con una extensión de aguas territoriales que ha permitido a los palestinos pescar y abastecerse de los alimentos que proporciona el mar.
Pero todavía hay más. Entre 1999 y el año 2000, la empresa British Gas Group (BG), en el marco de un acuerdo con la Autoridad Palestina (AP), hizo un relevante descubrimiento dentro de las aguas territoriales que corresponden a Gaza:
… [un] gran yacimiento de gas al que nombró como Gaza Marine, el cual estaba a una distancia de 17 a 21 millas náuticas de la costa de Gaza, es decir, formaba parte de las aguas territoriales correspondientes a Palestina [de conformidad con el Acuerdo de Gaza-Jericó de 1994 y con los Acuerdos de Oslo II]”. (Rodríguez, 2023, p. 92)
Los yacimientos identificados eran cruciales para Palestina, pues “… las reservas contenían, aproximadamente, 1 billón de pies cúbicos” de gas (Rodríguez, 2023, p. 93). De esta manera, se agregó un motivo más para continuar la ocupación del territorio palestino mediante la expulsión o asfixia de su población.
En esta lógica, el bloqueo del acceso a los recursos extraterritoriales, que comenzó con la Segunda Intifada y coincidió con los descubrimientos de gas natural, hizo imposible la navegación civil o comercial hacia o desde la Franja de Gaza. Israel, con el propósito de impedir a Palestina la explotación de sus nuevos yacimientos, redujo la extensión de las aguas territoriales de Gaza “… de 20 millas náuticas establecidas por Oslo, a 6 millas náuticas, tras la victoria electoral de Hamás en 2006, y finalmente a 3 millas náuticas, tras la Operación Plomo Fundido en 2008-2009” (Rodríguez, 2023, p. 95).
Adicionalmente a los yacimientos de gas en las aguas territoriales de Gaza, Israel necesita disponer de los yacimientos de agua en la zona de Cisjordania, cuestión muy relacionada con las ocupaciones de colonos, promovidas en esa región. De manera subrepticia o escandalosamente genocida, el territorio de Palestina va pasando a manos de Israel, con el aval de Estados Unidos y sin respuesta efectiva de la comunidad internacional.
El disciplinamiento
El tercer elemento que mueve las guerras contemporáneas consiste en la necesidad de reafirmar, constantemente, un orden mundial que está ineludiblemente descoyuntado, así como los modos de comportamiento y jerarquías de sumisiones que le son propios. Desconociendo la historia y convirtiendo la coyuntura en un presente perpetuo, el Occidente colectivo se entrega constantemente a nuevas cruzadas. La colonización debe ser permanentemente reiterada, tanto en lo que concierne a los territorios como a las mentalidades.
Hay siempre en esta dinámica el reconocimiento de otro, la mayoría de las veces genérico e indescifrable, pero al que no es necesario descifrar, sino disciplinar. Un otro El imperialismo al desnudo 55 caótico, desordenado, al que es necesario disciplinar para que pueda ser eficiente y administrado.
La mente del oriental […] igual que sus pintorescas calles, carece por completo de simetría, y su manera de razonar está llena de descripciones desordenadas. (Cromer, como se citó en Said, 2008, p. 66)
El terreno de las narrativas pasa a ser una de las herramientas privilegiadas en este proceso y forma parte de las estrategias de guerra. Baste recordar que una de las primeras tareas que el Gobierno de Estados Unidos le asignó a Halliburton, en el momento de la intervención de Irak, en 2003, fue la elaboración de libros de texto en árabe, pero con los contenidos de su propia versión de la historia.
También las modalidades de la guerra tienen que adaptarse a las claves culturales, arquitectónicas, religiosas y hasta alimenticias de cada pueblo y cada región.
Particularmente en el caso de Palestina, donde los vínculos familiares forman comunidades difíciles de romper y los modos de concebir y construir los espacios habitables son, como ya asentaba Cromer, desordenados, de conformidad con los patrones occidentales, o bien se logra descifrar y rearmar los códigos, o bien se procede a operaciones de limpieza étnica o genocidios.
Cada pueblo tiene sus cosmovisiones, sus modos de organizar la vida y de territorializar. La gran empresa colonizadora de la modernidad tuvo que enfrentar los obstáculos de entendimiento del mundo, de las prácticas de vida y de la geografía y, si bien las maneras adoptadas en cada caso podían ser distintas, por ignorancia, brutalidad o estrategia, se procedió a despreciar todo lo diferente a los parámetros dentro de los cuales estaba garantizada su supremacía. El modo de acercarse a África, e incluso a sus variadas regiones, fue muy distinto al que se empleó en América o en Asia. Y aunque las poblaciones, así sometidas, terminaron cruzándose en un mismo proceso civilizatorio, mantienen, 500 años después, muchas de sus diferencias, aunque también generaron mestizajes y, en algunos casos, borramientos de memoria.
Las colonizaciones procedieron, por aplanamiento e imposición, a fijar criterios universales a los que los distintos pueblos no terminan por rendirse.
El disciplinamiento de Palestina ha tenido que pasar por un proceso de reordenamiento.
En un lindo trabajo, James Scott (1998) estudia la manera como los bosques vírgenes del norte de Europa tuvieron que ser, en parte, desplantados y replantados, para quedar en condiciones de ser administrados. Solo pudieron ser útiles y rentables cuando las especies valiosas que albergaban pudieron ser puestas en línea y las malas hierbas pudieron ser eliminadas. Los bosques se mantuvieron en su mismo lugar, pero ya no eran los mismos. Eran bosques disciplinados.
La legibilidad de una sociedad proporciona la capacidad para la ingeniería social a gran escala, la ideología del alto modernismo proporciona el deseo, el estado autoritario proporciona la determinación para actuar sobre ese deseo, y una sociedad civil incapacitada proporciona el terreno social aplanado sobre el cual construir. (Scott, 1998, p. 5)
Asimismo, Eyal Weizman, en varios de sus trabajos, ha estudiado la manera como fue imprescindible romper el diseño arquitectónico de las ciudades palestinas, para establecer su control y prevenir ataques.
…la guerra ya no versa sobre la destrucción del espacio, sino, más bien, sobre su reorganización. La «geometría inversa» concebida para «darle la vuelta» a la ciudad, reestructurando sus espacios públicos y privados. (Weizman, 2012, p. 109)
Además de la reorganización del espacio, que permite avanzar en el control físico del otro (o del enemigo), la confusión o captura de las mentes es central para garantizar la adopción de disciplinas, modos de pensar y de comportarse, en concordancia con la visión de los conquistadores. Llenar la mente del otro con significados construidos por el colonizador, transformar los modos de estructurar el pensamiento, introducir aspiraciones y deseos ajenos, cambiar la narrativa de la historia, para convertirla en un renovado orientalismo —ya profundamente estudiado por Edward Said (2008)—. Es decir: empezar a creer que los pueblos son lo que el colonizador piensa que son y no lo que la vivencia, la experiencia y la sabiduría instruyen.
El otro modo de alterar las narrativas ocurre mediante el empleo, insistente y reiterado, de la tecnología de comunicaciones, por medio de imágenes trucadas, manipuladas, parciales, mutiladas o de su omisión, para impedir que se conozcan los hechos reales. Esto construye un relato de difusión masiva que, bien, puede convencer al mundo de que nada grave ocurre, o de que la explicación es confusa, o de que los pueblos que resisten son terroristas. Cualquier versión puede ser construida.
Conclusión
La mayor parte de las guerras contemporáneas son urbanas. De acuerdo con las cifras del Banco Mundial (2024), el 56 % de la población del planeta vive ya en ciudades y la tendencia a la urbanización es constante. La tecnología de guerra, consecuentemente, privilegia la capacidad de intervención en ámbitos y entramados urbanos, en los que destacan el ciberespionaje, el ciberboicot y la creación de realidades virtuales confusas, falsas, tergiversadas, sobredimensionadas, encubridoras y manipuladoras, aunque no dejan de arrojarse bombas y misiles, y se mantiene el propósito de invadir y apropiarse territorios.
Las guerras del siglo XXI se iniciaron con el establecimiento de facto de criterios de unilateralidad, que evadían toda la normatividad internacional creada a lo largo del siglo XX. Las amenazas a la seguridad nacional, nunca puntualizadas, se enarbolaron como justificación suficiente para cruentas guerras que, particularmente, se extendieron por el Medio Oriente. Sin buscar el aval del Consejo de Seguridad de la ONU, Estados Unidos invadió Afganistán, Irak, interviene en Siria, en Líbano y en guerras proxy en Yemen y, a través de la OTAN, en Ucrania, por mencionar los casos más notables. Tan indefinida como las amenazas a la seguridad nacional (la mayoría de las veces fuera de las fronteras nacionales) resultó la identificación del terrorismo como elemento detonante y justificativo. El terrorismo pasó a ser todo lo que estorba a los planes de expansión y apropiación del Occidente colectivo, encabezado por Estados Unidos. En algunos casos, proveniente de incidentes provocados por las mismas fuerzas de intervención, en otros, tratando a las resistencias populares como amenaza terrorista, en otros aprovechando disputas existentes en cada región. En todo caso, ni bien se dio paso a estas guerras unilaterales, llamadas preventivas, las normas internacionales quedaron desfondadas. El umbral de permisividad se modificó, al punto que Estados Unidos admitió el uso de la tortura como recurso legal, en el caso de riesgo de la seguridad nacional —así: en abstracto—.
Con la guerra genocida en Palestina se está volviendo a correr el umbral. La respuesta de Hamás a los procesos ilegales de colonización del territorio palestino sirvió como detonante de una nueva Nakba, mucho más profunda y extensa que la anterior. Estudiosos del incidente del 7 de octubre, señalado como el causante del arrasamiento ocurrido en los meses posteriores y todavía en curso, han aportado elementos que responsabilizan al propio Israel de alimentar o inflar el ataque. Difícil aportar pruebas. En todo caso, nada justifica el genocidio y la limpieza territorial emprendidos desde ese momento y que es una continuación, llevada al extremo, de la política que ha seguido Israel con respecto a Palestina.
Es importante insistir en la invalidación del derecho internacional que este proceso implica: el ataque a hospitales, a escuelas, a mujeres y niños, a población civil, a médicos internacionales, a periodistas… Todo esto, condenado por las normas internacionales referidas a la protección de los derechos humanos en general y las específicas, como la de los derechos de los niños y las niñas u otras dirigidas a sectores particulares, es violentado flagrantemente, sin que nadie pueda detenerlo.
Aun la histórica resolución de la Corte Internacional de Justicia, después de escuchar relatos y argumentos amplios y desgarradores, no llegó a pedir a Israel parar la guerra. Y aunque su resolución es vinculante, nada cambió después de haberla emitido.
El derecho internacional está desfondado. Su umbral de permisividad está indefinido en los hechos. La perpetración de genocidios, con total impunidad, parece ser la marca de las guerras contemporáneas.
Apostemos por la reorganización de la vida en el tiempo largo y por la construcción de un sentido común de paz y entendimiento en la diversidad. Por el momento, hay que encontrar el modo de derrotar la guerra.
Referencias
Banco Mundial (2024). Desarrollo urbano. https://www. bancomundial.org/es/topic/urbandevelopment/overview
Brzezinski, Z. (1998). El gran tablero mundial. Barcelona: Ediciones Paidós.
Ceceña, A. E. (Coord.) (2023). Las guerras del siglo XXI. Buenos Aires-México: Clacso-IIEC-OLAG.
DW (2024). China, Rusia e Irán realizan ejercicios militares conjuntos. https://www.dw.com/es/china-rusia-e-ir%C3%A1n-realizan ejercicios-militares-conjuntos/a-68498386
Euronews (2024). Ejercicios navales conjuntos de China, Irán y Rusia en el golfo de Omán. https://es.euronews.com/2024/03/12/ejercicios navales-conjuntos-de-china-iran-y-rusia-en-el-golfo-de-oman
Ferrari, L. (2020). Pico del petróleo y fin del crecimiento: una mirada retrospectiva. ALAI Energía y crisis civilizatoria, 550, 15.
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